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Luis Torres "Joselero", Chris Carnes and Diego del Gastor
Photo © Steve Kahn

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The Non-Spaniard in Flamenco


by D.E. Pohren



The non-Spaniard in flamenco. Out of place? I think not. There have been several non-Spaniards already mentioned in the first edition of this book (Lives and Legends of Flamenco) who have made names for themselves in the theatrical flamenco dance. Others of merit may have come along since, as have many accomplished guitarists in the true sense, meaning they have not merely picked off a few solos from records, but have actually immersed themselves in flamenco in Spain, have learned about the Cante and the Baile and how to accompany them and, once reasonably based in those arts, have or have not turned to solo playing.

In addition to the performers, it must be admitted by all aware Spaniards that non-Spaniards are in part responsible for the renewed interest in flamenco; the French publication of flamenco's first anthology in 1952, for instance, when flamenco was more lost than a live art both in and out of Spain.

Legions of fresh non-Spaniards become staunch aficionados each year. As is natural, many of these aficionados are not content solely with a spectator's role. They energetically begin taking lessons in the flamenco guitar, dance, and even the song, they devour whatever there is of the Written Word, and they mingle in the world of flamenco. Most of these aficionados are able to retain some sort of perspective and flamenco to them remains a pleasurable hobby. Others of us fall hard, and before we know it flamenco has become the major interest in our lives. From this group accomplished artists have emerged, some of whom are professionals in the sense that flamenco provides the major portion of their income.

Spaniards do not quite know what to think of this disconcerting foreign influx into their art. When confronted by an adequate to good performance by a foreigner they immediately insist that he or she is of Spanish ancestry, even if the foreigner himself is unaware of his Spanish blood. It is inconceivable to them that an Anglo, or an Oriental, or any non-Spaniard, for that matter, can feel and understand flamenco, regardless of the years he may have spent practicing his adopted art and, more important, living the flamenco life. For this reason, many non-Spanish artists feign Andaluz and/or gypsy mannerisms (at times to a very comical extent), adopt Spanish artistic names, and claim that their mothers, or at least their grandmothers, are Spanish. However, times are changing. Non-Spanish flamenco professionals are everywhere these days, both in and out of Spain, and everyone is getting used to the idea. Most important, many of these artists have achieved considerable mastery of their chosen fields, causing intelligent and open-minded Spaniards to consider what was once unthinkable: that flamenco is not necessarily the unique domain of the Andalusians, firstly, and other Spaniards, secondly; that it is after all not caused by some ingredient exclusive to Spanish blood; but rather seems to have more to do with a profound feeling for, and a prolonged contact with, flamenco and its life style.

Instead of the word "many" when referring to non-Spaniards who have achieved a certain mastery, I might better have said "several," for in truth not many have reached this plateau in their artistry. But even among the few non-Spaniards who have the opportunity to immerse themselves in flamenco and its way of life in Spain for a long period of time, it is rare to find the complete dedication that is required, nor the willingness to sacrifice, perhaps permanently, the amenities and security that steady jobs bring, nor the dogged determination and patience to continue in the face of the condescension of the vast majority of the Spanish artists and aficionados during the many, many years of formation, years that seem never to end.

In the first edition of this book I listed eight pages of the non-Spaniards in flamenco. There were not many then, and I probably covered most of them. Today, however, there are enough of them to fill a large volume by themselves, an undertaking awaiting its undertaker.

 

  

El Extranjero en el Flamenco


D.E. Pohren


El extranjero en el Flamenco. ¿Fuera de lugar? No lo creo. En la primera edición de este libro (Vidas y Leyendas del Flamenco) ya se mencionaron varios extranjeros que se han hecho un nombre en el mundo del baile flamenco teatral. Desde entonces quizás hayan aparecido otros de mérito, además de otros guitarristas consumados en el verdadero sentido, lo que quiere decir que no simplemente han pillado un par de solos de discos de flamenco en España, sino que se han sumergido en el flamenco en España, han aprendido sobre el cante y el baile y cómo acompañarlos, y una vez que ya tenían una base razonable de estas artes, decidieron, o no, tocar en solitario.

Además de los artistas, cualquier español que sea consciente de ello debe admitir que los extranjeros son en parte responsables de este interés renovado en el Flamenco; un ejemplo de ello es la publicación francesa de la primera antología del Flamenco en 1952 cuando éste era un arte más perdido que vivo, dentro y fuera de España.

Cada año, legiones de nuevos extranjeros se convierten en aficionados incondicionales. Como es natural, muchos de estos aficionados no se conforman con el mero papel de espectador. Comienzan a tomar lecciones de guitarra flamenca, baile e incluso cante, devoran lo que haya en formato escrito, y se mueven en el mundo del flamenco. La mayor parte de estos aficionados son capaces de mantener algún tipo de perspectiva y para ellos el flamenco no es más que una grata afición. A otros nos pega fuerte y antes de que nos demos cuenta el flamenco se convierte en el interés principal de nuestras vidas. Artistas consumados han surgido de este grupo, algunos de ellos son profesionales en el sentido que el flamenco les proporciona la mayor parte de sus ingresos.

Los españoles no saben muy bien qué pensar acerca de esta desconcertante afluencia extranjera a su arte. Al enfrentarse con una actuación relativamente buena por parte de un extranjero inmediatamente insisten que él o ella es de ascendencia española, incluso si el mismo extranjero no es consciente de su sangre española. Les resulta inconcebible que un anglosajón, oriental, o cualquier extranjero, pueda sentir o entender el flamenco, a pesar de los años que haya podido pasar practicando su arte adoptado, y lo que es más, viviendo la vida flamenca. Por esta razón, muchos artistas extranjeros simulan gestos andaluces y/o gitanos (a veces hasta un punto muy cómico), adoptan nombres artísticos españoles y dicen que sus madres, o por lo menos sus abuelas, eran españolas. Sin embargo, los tiempos cambian. En la actualidad, se pueden encontrar profesionales extranjeros del flamenco en todas partes, dentro y fuera de España, y todo el mundo se está haciendo a la idea. Lo que es más importante, muchos de estos artistas han alcanzado un grado de maestría considerable en sus campos elegidos, haciendo que españoles inteligentes y abiertos consideren lo que un día era impensable: que el flamenco no es necesariamente un campo reservado exclusivamente a los andaluces, en primer lugar, ni en segundo lugar a los españoles; también la idea que no se debe a ningún ingrediente exclusivo a la sangre española, sino que tiene más que ver con un profundo sentimiento hacia él, y un contacto prolongado con el flamenco y su estilo de vida.

En lugar de la palabra "muchos" al hablar de los extranjeros que han alcanzado un cierto grado de maestría, habría sido mejor utilizar la palabra "varios", ya que en realidad no muchos han alcanzado este nivel en su arte. Pero incluso entre los pocos extranjeros que tienen la oportunidad de sumergirse por completo en el flamenco y su estilo de vida en España durante un largo período de tiempo, es raro encontrar la completa dedicación requerida, y la voluntad para sacrificar,—quizás de forma permanente—, las amenidades y seguridad que aporta un empleo estable. Tampoco es fácil encontrar la determinación y paciencia para continuar en medio de la condescendencia de la gran mayoría de los artistas y aficionados españoles durante los muchos, muchos años de formación, años que parecen nunca acabar.

En la primera edición de este libro incluí ocho páginas nombrando a extranjeros en el mundo del flamenco. Entonces no había muchos, y probablemente mencioné a la mayoría. Sin embargo, en la actualidad, hay los suficientes para llenar un gran volumen, una empresa que espera quien la lleve a cabo.

 

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